martes, 17 de agosto de 2010

Capitulo 5




El Departamento de Policía se erguía imponente sobre la avenida Belgrano. Ramírez nunca utilizaba la puerta principal, sino que se le antojaba entrar por la lateral de Sáenz Peña. Puso la tarjeta en el marcador y saludó a los policías que estaban esperando que alguien de Administración se dignara a llegar. Era temprano y sabía que nadie llegaría antes de las 9.30 o 10, como mucho. Se frotó los ojos para despertarse. Como no lo logró fue directo al baño de planta baja, sin subir todavía al ascensor. Saludó a los dos policías de la guardia de la noche que se estaban yendo con una inclinación de cabeza. Los escuchó irse. Uno le enrostraba al otro una supuesta incapacidad de Luchetti para defender el arco de Boca.
Abrió la canilla de agua caliente, que salió como siempre, fría. Puteó en silencio cuando sintió el impacto al poner las manos bajo el chorro. Las sacó enseguida y se mojó rápidamente la cara con una talla de papel. Estaba saliendo y escuchó el “chist” detrás
suyo.

--- Buen día, Ramírez…!

Se dio vuelta. El gordo Mourinho de Contabilidad lucía sus 32 dientes en una sonrisa tan ancha como su cintura.

-- Cómo andás, Gordo… -- bostezó sin llevarse la mano a la boca.
-- Que cara, viejo… ¿En qué andás? ¿Te atropelló un trolebús y viniste para no perder el presentismo…? ¡¡Ja, ja, ja!! – se rió con ganas. Ramírez lo imitó. El Gordo sabía como alegrarle un día de mierda como éste en general, todos sus días y sus noches eran una mierda. Pero era su propia mierda.
-- Che, Gordo, decime…--paró de reírse mientras el Gordo se secaba la cara y recuperaba el aliento apoyado sobre el lavamanos. – Desde ayer estoy con el tema de una NN que apareció en La Boca. Bien vestida, arreglada… no parece de la calle. ¿Lo viste hoy a Medina?
-- No, no lo vi… Pero es temprano, no va a caer antes de las 10. – El Gordo comenzó a caminar con él hacia el ascensor. Llevaba una carpeta de tres solapas a la que le habían caído unas gotas de agua. --¿Qué le digo si lo veo…?

-- Decile que – caviló --…decile que voy a estar con el Jefe. Tenemos que sacar sí o sí este tema.
-- Pero los de Huellas no vinieron, estoy seguro…Recién pasé y estaba todo apagado…

Ramírez puteó para sus adentros.

-- Ok… pero avisale si lo ves que es urgente.

-- Ok, dale. “Afirmativo, oficial!”

-- “Cambio y fuera…” – Ramírez le dio un beso en la mejilla al Gordo y salió del ascensor. Caminó rápido hacia la oficina. El estómago le hizo un ruido familiar y recordó que no había desayunado antes de salir, así que apenas se sentó llamó a La Reggiana para que le traigan un café con leche doble con unas medialunas.

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